Por si a alguno se le escapa, soy radical y estoy muy orgulloso de ello. De todos modos jamás diría que coincido en todo ni que soy soldado de nadie ni seguidor ciego de espacio alguno. Eso se los dejo a los peronistas.

Cuando escribí el título me vi tentado de iniciar un debate sobre el rol de los medios. A dios gracias pude contenerme y escribiré unas líneas sobre lo que pienso acerca de la participación del radicalismo en Cambiemos y por ende en el gobierno de Macri.

Disparan estas reflexiones algunas notas de opinión que leí estos días en diversos medios y la horripilante imagen de Cristina Elisabet Fernández de Kirchner con una boina blanca en un acto organizado por ex radicales.

Por si a alguno se le escapa, soy radical y estoy muy orgulloso de ello. De todos modos jamás diría que coincido en todo ni que soy soldado de nadie ni seguidor ciego de espacio alguno. Eso se los dejo a los peronistas a los que les fascina ir detrás de un líder sin hacer preguntas. Me siento cómodo con gran parte de la historia del radicalismo e incómodo con algunas cosas. Lejos estoy de pensar que es el partido ideal y suelo ser sumamente crítico del accionar partidario en diversas ocasiones. En cualquier caso creo que es imposible estar en un todo de acuerdo con un espacio político y su historia. Está claro que así como ser peronista no significa ser fan de López Rega, Menem o los Montoneros, ser radical no significa sentirse cómodo con el gobierno de la Alianza o la participación de intendentes radicales durante la dictadura.
Fui un firme defensor de la participación del radicalismo en Cambiemos y no me arrepiento. No es algo que me llene de comodidad en términos ideológicos.

Soy radical porque siento que el respeto a las instituciones es una piedra fundamental del estado de derecho, porque creo que la honestidad es un valor trascendental la dirigencia política y no un capricho, porque siento que las formas son muchas veces casi tan importantes como el fondo. Porque creo en la República. Obviamente no creo que el radicalismo sea perfecto en ninguna de las partes de esta enumeración pero sigo pensando que es lo que más se le acerca.

Fui un firme defensor de la participación del radicalismo en Cambiemos y no me arrepiento. No es algo que me llene de comodidad en términos ideológicos. Me enojan muchas decisiones del gobierno nacional pero al enojarme recuerdo rápidamente cuál era la alternativa y me calmo bastante. En cualquier caso siento que el país necesitaba de Cambiemos para terminar con el nefasto paso del Kirchnerismo por el estado nacional que dejó una huella siniestra que será muy difícil de borrar.

En cuanto a la participación del radicalismo en el Gobierno, sin dudas me gustaría que fuese mayor. Siento que hay muchos dirigentes que tienen mucho que aportar y no son tenidos en cuenta. Cierto es que la diferencia que sacó Macri respecto al Lilita y Sanz en parte justifica esa corta participación pero debe ser claro también que sin el radicalismo y la Coalición Cívica hoy el presidente sería Scioli. En cualquier caso creo que Macri quiso armar un primer Gabinete de gente muy cercana y luego habrá cambios que permitirán algo más de pluralismo dentro del Gobierno, no sólo a nivel ministerial sino también en cuanto a la participación en las decisiones trascendentes. No sé, tal vez sea sólo una expresión de deseos.

Respecto estrictamente del radicalismo, creo que tenemos que cambiar. No tengo claro cuáles son las soluciones o las actitudes que podrían poner al partido de pie. Pero sí tengo claro que hasta ahora no hemos podido seducir al electorado con nuestras propuestas o nuestros candidatos y está claro que siendo un partido político con aspiraciones de mayoría esto es un problema básico. Digo todo esto como un militante medio outsider de la lógica diaria partidaria. Seguir como hasta ahora nos dejará como un partido que acompaña alguna coalición con más o menos chances de ganar pero no como protagonistas principales.
La política hoy necesita espíritu crítico y la capacidad de poder cambiar las cosas sin rodearse de aplaudidores y alcahuetes.

Y agrego una cuestión al debate. Creo que los radicales tenemos una fuerte confusión en cuanto a la encrucijada ideológica en la que nos encontramos. Está claro que no tenemos la amplitud que tiene el peronismo que aloja a la extrema derecha y a espacios más progresistas, pero en algún punto deberíamos definir dónde estamos parados más allá de coincidir todos en la vereda de enfrente del populismo.

Quiero dedicar un párrafo al acto que hizo Cristina con algunos ex radicales. No sé ni por dónde empezar con el tema. Me viene a la cabeza el ninguneo del Kirchnerismo a la lucha de Raúl Alfonsín por los derechos humanos. No logro comprender cómo algunos pueden haber tenido el descaro de analizar el proceso Kirchnerista de saqueo del Estado y las instituciones como la continuación del Alfonsinismo. Imagino pocas faltas de respeto mayores a la memoria de Alfonsín que las de usar su nombre para homenajear a protagonistas de un proceso de degradación absoluto de la República.

En definitiva, creo que hay que seguir apostando a Cambiemos. Hay que marcar errores y acompañar aciertos y sin dudas hay que reclamar mayor participación. La política hoy necesita espíritu crítico y la capacidad de poder cambiar las cosas sin rodearse de aplaudidores y alcahuetes. De eso ya tuvimos suficiente.

(AUTOR Mariano Heller)
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