En la Argentina se estima que la uveítis afecta a unas 20.000 personas. Se trata de una inflamación de la parte interna del ojo. Causa malestar y dolor. Puede tener dos orígenes: infecciosa o autoinmune.
La posibilidad de quedar con secuelas permanentes antes de llegar a tiempo a un diagnóstico es uno de los grandes desafíos de las enfermedades poco frecuentes. Al tratarse de patologías de baja prevalencia y desconocidas incluso para parte de la comunidad médica, un diagnóstico certero puede resultar clave para quienes las sufren. En el caso de la uveítis el gran riesgo es que los pacientes pierdan la vista. A tal punto que esta enfermedad es responsable del 30% de los casos de ceguera. Con una prevalencia de entre 20 y 50 casos cada 100.000 habitantes, se encuentra a la par de otras enfermedades poco frecuentes, aunque más “conocidas” como la fibrosis pulmonar idiopática.
En la Argentina, aunque no hay datos oficiales, se estima que la uveítis afecta a unas 20.000 personas. Se trata de una inflamación de la parte interna del ojo. Causa malestar y dolor. Puede tener dos orígenes: infecciosa o autoinmune. En el primero de los casos, más difíciles de diagnosticar, su tratamiento es más rápido. El problema termina cuando se supera la infección. En cambio, en los casos de uveítis autoinmune, son más complejas de tratar y pueden convertirse en crónicas. Este segundo grupo es el que corre mayores riesgos si no se llega a un diagnóstico a tiempo y es tratada adecuadamente, ya que puede generar complicaciones graves como cataratas, glaucoma, desprendimiento de retina, atrofias del nervio óptico y hasta la ceguera.¿Pero cuáles son los síntomas? La respuesta no es sencilla porque son similares a los de otras afecciones del ojo o molestias generales. “El paciente suele referir dolor en el ojo, que ve menos, tienen mucha fotofobia, el ojo está rojo y pueden ver moscas”, explica el médico Pablo Franco, del Servicio de Uveítis del Hospital Santa Lucía. Pero también pueden sufrir dolores de cabeza, mareos o malestar general. “Es importante que el médico esté entrenado: hay que buscar signos de uveítis siempre porque es una enfermedad que podría dejar ciego al paciente”, insiste el profesional. Y remarca que una de las características, es que suele aparecer en adultos de entre 20 y 60 años, con un promedio de edad de 40 años.”Lo que sucede muchas veces es que si bien el paciente reconoce el malestar demora en hacer la consulta. Incluso, muchos acuden a un médico generalista, que lógicamente no está entrenado en esta patología, motivo por el cual el diagnóstico y tratamiento puede demorar su inicio”, agrega Franco. “A veces se llega tarde porque los síntomas pueden confundirse con otras molestias como ojo seco, conjuntivitis, o mismo cansancio y dolor de cabeza después de un día de trabajo”, sintetiza.Además de las molestias y dolores que causa, la uveítisafecta notablemente la calidad de vida del paciente y tiene un impacto emocional muy fuerte. “Al producirse una disminución de la visión por la propia inflamación y por sus complicaciones, el paciente puede ver afectada su calidad de vida, lo que alterará en el caso de un adulto sus responsabilidades llevando a un cuadro de angustia”, explica el médico Cristóbal Couto, jefe de la Sección Uveítis del Hospital de Clínicas.Hasta hace algunos años la uveítis sólo podía tratarse con altas dosis de corticoides y medicamentos sumamente fuertes, como los que se utilizan para personas trasplantadas, que traían otro tipo de problemas a los pacientes. Y aun así no había garantía de llegar a un buen resultado. Pero en los últimos años aparecieron los llamados agentes biológicos. “Son el milagro de esta era”, resume Couto. Actúan bloqueando la reacción autoinmune del cuerpo. “A mí, como profesional, me cambió la vida. Hace 34 años, una nena de 5 años con uveítis se quedaba ciega. Hoy tiene la posibilidad de tener una vida normal”, resume.

Fuente: Clarín




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